
Desde mi perspectiva más personal, lo reafirmo: retomar mi actividad pictórica ha significado también retomar un camino de aprendizaje. Lo asumo como un nuevo punto de partida, nunca como un final ni como una meta alcanzada. Pintar, para mí, continúa siendo un territorio abierto, un espacio donde todavía queda mucho por descubrir, aprender y transformar.

En este trasegar, estoy convencido de que debo avanzar sin temor, permitiéndome explorar nuevas técnicas, materiales, trazos y maneras de mirar. Las motivaciones para hacerlo son múltiples, como también lo son las temáticas que esperan ser llevadas por mis ojos al lienzo y al papel. Cada imagen nace de una inquietud distinta, de una mirada particular, de aquello que en algún momento reclama ser observado, interpretado y finalmente convertido en materia y color.
Cada trabajo, cada trazo, cada mancha se convierte en una razón más para continuar. Son pequeñas señales que me recuerdan que este camino no tiene un destino definitivo; se construye mientras se recorre, se transforma con cada experiencia y permanece abierto a lo que todavía no conocemos. Quizás el verdadero sentido de esta búsqueda esté precisamente allí: seguir creando, seguir aprendiendo, seguir caminando, sin más límite que el deseo de hacerlo hasta la eternidad.
En esta línea comparto los siguientes trabajos. Si bien se desarrollan desde una técnica y un lenguaje diferentes a los que he venido explorando, forman parte de una misma inquietud: la necesidad de experimentar. Son obras plurales en color, materiales, temáticas y trazos; ejercicios que me permiten apartarme, aunque sea por un momento, de lo conocido y adentrarme en territorios donde la intuición también tiene algo que decir.

Estos trabajos representan, en definitiva, otra forma de mirar y de expresar mis deseos de continuar compartiendo. Porque cuando nos permitimos crecer en esta práctica, cuando aceptamos que aún estamos aprendiendo y nos damos la libertad de explorar, descubrimos que siempre existe una nueva posibilidad frente al lienzo.
Un nuevo trazo.
Una nueva mirada.
Un nuevo comienzo.
Y quizá, en el fondo, eso sea pintar: volver a comenzar una y otra vez.
NOMBRE DE LA OBRA: “IMPETU”. La adolesencia encarna una fuerza emocional contenida que irrumpe en la vida.

Esta pieza presenta un rostro adolescente reinterpretado desde una estética surrealista y expresionista, donde la identidad se fragmenta mediante pinceladas gestuales, transparencias, contrastes lumínicos y explosiones de color.
El proceso comienza con un boceto libre del rostro, estableciendo una composición frontal y una mirada intensa como punto focal. Posteriormente, se construyen capas de acrílico utilizando pinceladas amplias y espontáneas en tonos oscuros, grises, turquesas y verdes. Los acentos en rojo vibrante atraviesan la composición, generando tensión, energía y contraste emocional.

La experimentación surge a través de la superposición de capas, manchas, goteos, texturas y trazos parcialmente abstractos, permitiendo que el rostro aparezca y se disuelva dentro del espacio pictórico. El resultado busca representar no solo una figura, sino la complejidad emocional, la transformación y la multiplicidad de percepciones propias de la adolescencia.
Técnica: Acrílico sobre lienzo
Formato: 1.50 x 1.50 m
Estilo: Surrealismo contemporáneo / Expresionismo abstracto
Concepto: Identidad, emoción, transformación y fragmentación visual.
NOMBRE DE LA OBRA: “EL PRECIO DEL NECTAR”

En esta obra alegórica de mi creación, llamada el “El precio del néctar”, dos colibríes protagonizan un instante de confrontación por la defensa de su territorio. El gesto suspendido del vuelo y la proximidad de sus cuerpos construyen una tensión visual que contrasta con la delicadeza y belleza propias de estas aves.
El acrílico se desarrolla mediante pinceladas gestuales, contrastes cromáticos y una marcada sensación de movimiento, donde los tonos cálidos del fondo dialogan con verdes, violetas, azules y rosas. Las flores, ramas y manchas de color funcionan como un entorno orgánico que envuelve la escena y potencia su dinamismo.

Más que representar únicamente una disputa, la obra propone una mirada sobre el instinto, la territorialidad y la fuerza vital presente en la naturaleza. El enfrentamiento de los colibríes se convierte así en una metáfora de equilibrio y supervivencia, capturada en un momento fugaz de intensa energía.

Técnica: Acrílico sobre lienzo
Formato: 1.50 x 1.50 m
Estilo: Surrealismo contemporáneo / Expresionismo abstracto
Concepto: Vida salvaje, color, milagro riqueza única de la madre naturaleza.
Los invito a ver los siguientes link:
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