
El pasado 18 de abril, el Centro Cultural y de Convenciones Fernando Botero, en el municipio de Cajicá, abrió sus puertas a un encuentro íntimo entre arte y naturaleza con la instalación de la exposición Alas de Colombia, territorios compartidos.

Esta muestra es, ante todo, una invitación a detener la mirada. A contemplar la extraordinaria riqueza ornitológica de Colombia, pero también a reconocernos en ella: en su fragilidad, en su belleza y en la profunda red de vida que compartimos. Cada obra sugiere que observar un ave es, en realidad, observarnos en relación con el mundo que habitamos.

Como parte de la programación cultural, se llevó a cabo un conversatorio que permitió ampliar los horizontes de la exposición, abriendo un espacio de diálogo en torno al arte, la educación y la conciencia ambiental. Allí, la pintura trascendió el lienzo para convertirse en puente entre conocimiento, sensibilidad y experiencia.

La exposición reúne 28 obras dedicadas a aves de Colombia, desarrolladas a través de diversas técnicas —óleo, acrílico, acuarela, lápiz de color y prácticas mixtas— que dialogan entre sí como lenguajes complementarios. Cada trazo, cada capa de color, revela no solo la forma del ave, sino su presencia viva, su carácter y su historia.

En este mismo contexto, se compartió el proceso creativo y pedagógico del libro Alas de Colombia, arte y color en vuelo, una obra que recoge cerca de 200 ilustraciones y propone una experiencia expandida: a través de herramientas como códigos QR, el espectador puede adentrarse en información científica, sonidos, imágenes y registros que enriquecen la contemplación. El arte, así, se convierte también en conocimiento y memoria.

La jornada de instalación contó con una nutrida asistencia, que encontró en este espacio una oportunidad para reconectar con la naturaleza desde la contemplación estética. Las aves, símbolo de una riqueza inmensa y a la vez vulnerable, nos recuerdan la urgencia de cuidar aquello que nos sostiene.

Más allá de la exposición, este proyecto se propone como un gesto colectivo: una forma de sembrar sensibilidad, de aportar —aunque sea con un pequeño grano de arena— a la construcción de una cultura ambiental consciente y comprometida.

Entre todas las obras, una presencia se alzó con especial significado: el copetón, ave emblemática de la región. Su imagen, ubicada en un lugar de privilegio, no solo rinde homenaje a Cajicá, sino que también susurra un llamado a su protección. Esta pieza, además, hace parte de una donación del artista al Instituto, como un gesto de gratitud profunda por la acogida recibida.
La exposición estará abierta al público hasta el 15 de mayo.
Los esperamos, con las alas abiertas.
https://www.instagram.com/reel/DXU1gZ0CfUr/?igsh=MWN0a25hazhuY3M3bQ==

